La noche que murieron mis héroes y nació el Capitán Alatriste

13 de enero de 2008

Domingo por la mañana.

Página 6. Patente de corso, de Arturo Pérez Reverte.

La voy leyendo y me recuerda a otra magnífica página que escribió en su día: "Aquella navidaad del 75."

La busco de inmediato en Googgle y de inmediato la encuentro.

Y recupero frases escritas por Pérez Reverte en 1995, hace ya más de diez años.

Son las siguientes:

"Estaba el arriba firmante el otro día en Sevilla, presentando un libro, cuando en mitad del trajín se acercó a la mesa un tipo grande, cincuentón largo, con una portada de ABC vieja de veinte años.
-¿Sabes quienes son éstos?
Miré la foto. Un Land Rover en el desierto, junto a una alambrada. Soldados con turbantes y cetmes. Un militar fornido, en quién reconocí a mi interlocutor. A su lado, un joven flaco con el pelo muy corto, gafas siroqueras, ropa civil y cámaras fotográficas colgadas al cuello. El titular decía: Tropas españolas patrullan la frontera del Sáhara Occidental. Cuando terminó el acto y fui en busca de mi visitante, éste se había ido. Lamenté no poder darle un abrazo. No sé qué graduación tendrá ahora, pero en aquella foto era capitán. Se llamaba Diego Gil Galindo, y durante casi un año compartimos tabaco, arena del desierto y copas en el cabaret de Pepe el Bolígrafo, en El Aaiún, cuando éramos jóvenes y él creía en la bandera y en el honor de las armas, y yo creía los Reyes Magos y en la virginidad de las madres. Y tal día como hoy, víspera de Navidad, hace exactamente veinte años, a Diego Gil Galindo lo vi llorar".


Y más adelante:

"Esa última noche, víspera de Navidad, cuando el director de mi periódico –PUEBLO- cedió a la presión de Presidencia del Gobierno y me ordenó salir del Sáhara con las tropas españolas, la pasé en el bar de oficiales de un cuartel desmantelado, mientras los archivos ardían en el patio y los soldados del general Dlimi se apoderaban de El Aaiún. Algunos de los militares que me acompañaban ya están muertos. Pero guardo su amistad bronca y generosa, hecha de cielos limpios llenos de estrellas, nomadeando bajo la Cruz del Sur: viento siroco, combates en la frontera, agua de fuego, chicas de cabaret, infiltraciones nocturnas en Marruecos… Sin embargo, lo que en éste momento veo son sus ojos tristes aquella última noche, su amargura de soldados vencidos sin pegar un tiro. Atormentados por su palabra de honor incumplida, por sus tropas indígenas engañadas y por aquella inmensa vergüenza de cómplices pasivos que les hacía inclinar la cabeza. Y también recuerdo la concienzuda borrachera en que nos fuimos sumiendo uno tras otro, y mi desilusión al verlos de pronto tan humanos como yo, infelices peones de la política, víctimas de sus sueños rotos. Compréndanlo: yo tenía veintipocos años y ellos había sido mis héroes".

Para terminar:

"
También me acuerdo de aquella noche que llovió sobre El Aaiún. A veces se oía un tiro aislado hacia Jatarrambla, o los motores de las patrullas marroquíes que llevaban saharauis detenidos. Veo el llanto infantil del teniente coronel López Huerta, la fría y oscura cólera del comandante Labajos, la sombría resignación del capitán Yoyo Sandino. Y recuerdo a Diego Gil Galindo, la enorme espalda contra la pared de la que colgaban trofeos de combates olvidados que ya a nadie importaban, con lágrimas en la cara, mirándome mientras murmuraba: “Qué vergüenza, Niño. Qué vergüenza “

Así fue mi última Navidad en el Sáhara, hace veinte años. La noche que murieron mis héroes, y me hice adulto.
"

Hoy, Arturo Pérez Reverte ha escrito "Una foto en la frontera":

"Guardo entre mis papeles una vieja portada del diario ABC. Se trata de una foto hecha en el Sáhara el 5 de noviembre de 1975, víspera de la Marcha Verde (...) Esa portada la conservo porque el soldado que mira hacia las alambradas no es un soldado: soy yo con 23 años (...) Hoy quiero hablarles de un tipo corpulento que aparece de espaldas en esa portada del ABC, sentado junto al conductor del Land Rover. Se llamaba Diego Gil Galindo y era capitán de la Policía Territorial del Sahara. También era uno de mis héroes (...)

Y sigue contando.

El capitán ha fallecido, recientemente.

Y Pérez reverte recuerda cómo recorrían El Aiún mientras el capitán lloraba la vergüenza y le llamaba gollete.

Y entre la vergüenza, las peleas, el abandono de la infancia y la madurez, la guerra el fin del Imperio un siglo después de lo de Filipinas y Cuba en el Sahara, y la muerte de Franco, y las lágrimas, y el honor, y las peleas. Y dios, y el amor. Y el heroismo. Y la derrota.

Resulta que en estos dos artículos a mí me da por encontrar la chispa de la saga de Alatriste.

Y que en la figura del capitán Diego Gil Galindo, la del Capitán Alatriste.

Supongo que el epitafio de este militar será: "N
o era el personaje más honesto, ni el más piadoso, pero era un hombre valiente».


3 comentarios:

Paco dijo...

Qué historia tan chula...

SonicRaver dijo...

Coincido contigo. Totalmente.

Anónimo dijo...

LO CONOCI PERSONALMENTE Y TAMBIEN ERA HONESTO Y PIADOSO.

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