Semana Santa 2011: Carta al Acólito Turiferario

18 de abril de 2011




Estimado Acólito, que Recio le guarde a usted muchos años y el Señor a él.

Sabiendo que Usted lleva espolvoreando el tiempo entre besos y lluvias, gota a gota, las últimas horas cual Pentecostés Pagano, le escribo desde la Santa Sede del Vaticano Txiki, como por esta ciudad de Tres Culturas Tres pero ninguna más, al parecer, según se siente en la plaza del Carmen, hoy, a este barrio coñón y malfollaíco pero entrañable y mítico-místico, llano, honrado y a la vez esquivo, se le conoce en la ciudad de Granada.

Mi amigo Tico, no el del tico-tico, sino el de la vecina Medina, me dice que cada vez escribo más como él, pero sin corregir, lo que tiene su mérito, o lo contrario, que no es demérito sino emérito, ergo jubilado por la experiencia que no por la vida.

La vida o su contrario, que no es lo mismo, la muerte, que se celebra estos días, aunque parece que al final hay final feliz, o no lo hay, según se mire.

Y como cada uno es libre de elegir sus contradicciones, pues yo tambié elijo la mía, que es la Esperanza.

Y llega el momento del júbilo y me acuerdo que vomité, en cada verso, que te di. Y que la Rosa, aun no siendo hermosa, también será desdichada.

Por compensar.

Y lo demás, rebosante.

La globalización en el Barrio se llevó la pescadería de la plaza Fortuny y nos dejó un King Shuarma que llevan unos palestinos con pasaporte de Suecia, así es su vida. La esquina con Santa Escolástica es un convento de pintas con un altar a San Patricio, no el de Bob Esponja, sino al irlandés S. Patrick. El estanco de la esquina, quizá viéndolas venir, mutó en un chino. Me están cerrando la más preciosa tienda de muebles y complementos de toda Andalucía y anda de liquidaciones. Pero resiste el ferretero, con colas inclusive cada vez que me acerco a copiar una llave perdida, que esto sigue siendo una Judería, pardiez Mohedano, y me encuentro que en el mostrador que sirve de centímetro está siempre como recién horneado el Ideal del día, en plan para la afición y la espera.

Pero fitetú, el Señor de los Olivos luce, espléndido. Y me santiguo y me persigno, es mi cita anual con la Eternidad, y me ensancha el alma, y me permite perseverar. Y hay roscos y fruta por las calles, hermosos y coloridas, los unas y las otras.

Es mi Roalejo, el roal del Realejo, que solo si eres de por aquí o si llevas 20 años, sabes a lo que me refiero.

Acólito Turiferario, expresiones para Usted y a su querido amigo Bomarzo, a quien hace tiempo que no veo pero leo.

En Prolongación de Calle Santiago, Realejo, Andalucía.

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