La leyenda de la Judería de Granada

1 de junio de 2011



Esta historia me ha gustado trabajarla. Lástima que no tuviéramos más tiempo, porque da para mucho. Para mucho más. Resulta que el Gran Rabino Sefardí de Israel volvía a Granada, 500 años después.

Los judíos fueron expulsados de España un 31 de marzo de 1492 tras un par de edictos firmados por los Reyes Católicos. Aquí entra la historia. Uno fue para expulsarlos de Granada otro de Aragón. Uno debió ser firmado en Santa Fe, donde los RR CC tenían su campamento desde donde habían conquistado Granada, un 2 de enero. Un edicto debió ser entregado en el Salón de Embajadores de la Alhambra... No hay acuerdo entre las fuentes historiográficas pero sí esta demostrada su existencia completamente.

Lo importante de la vuelta del Gran Rabino de los sefarditas es que vuelve a su casa cinco siglos y casi veinte años después. Bueno, a la que fue su casa. Bueno, a lo que queda de ella.

Granada era una idea. Como lo fue Roma y su romanización, y su pax romana. O quizá Jerusalén, ciudad de tres religiones y ciudad sagrada tres veces. Granada fue un día y durante siglos ciudad de acogida para los cristianos, los árabes y también para los judíos.

Hoy en día los cristianos son mayoría absoluta, con la inmigración hay muchísimos musulmanes, pero los judíos siguen desaparecidos. En toda Andalucía están presentes en comunidades registradas, oratorios y sinagogas. Están en Málaga muy activos, de siempre en Sevilla, hay una sinagoga en Jaén. También están en la Federación Española de Comunidades Judías los de Córdoba. Pero en Granada no hay nada. Absolutamente nada.

¿Que quéda entonces de la Judería de Granada? Esta es la pregunta que quisimos responder. Pero no esperen en la respuesta encontrar algo comparable a la Alhambra de Granada o las basílicas cristianas (hay dos en Granada, las Angustias y la de San Juan de Dios).

Los Reyes Católicos ordenaron arrasar la Judería de Granada. Y no queda nada. Apenas un aljibe de la época en la cuesta Rodrigo del Campo. Y cuando las obras, reaparecen las murallas del barrio judío y la Puerta de los Alfareros, bajo la actual Plaza Fortuny, se descubrió hace casi diez años, cuando se hicieron las últimas grandes obras de infraestructura del barrio.

Repito la pregunta. ¿Qué queda entonces?
No quedan sinagogas ni baños ni vestigios, en una ciudad anciana y mítica como Granada. Queda la idea, quedan los sentidos, queda la magia de las palabras, queda vivir en el Realejo, como se conoce ahora a la antigua Judería, queda el respeto y también, junto a la magia de las palabras, quedan las leyendas y la intensa producción científica y novelística que genera la ausencia de judíos en una ciudad-idea.

Podemos despertarnos cuando el sol sale por Sierra Nevada y sentir tras las frías noches granadinas el calor de los rayos del sol. Permanece la algarabía del barrio que se despierta y está repleto de comercios y de comerciantes y de clientes, como antaño. También quedan las calles empinadas y blancas, recoletas y angostas, escarpadas y estilizadas como un vericueto secreto que al llegar al Lavadero de la Puerta del Sol nos muestra la ciudad que resta a nuestros pies.

Torres Bermejas como refugio en la muralla y la Vega en todo su esplendor, verde, feraz y repleta de agua a borbotones. Y quedan los olores y sabores de Granada. Su particular temperatura y la luz, la luz de la paz y de la sabiduría que elogió ayer el Gran rabino a su llegada a la ciudad.

Queda lo que una decisión nunca puede borrar. Aunque sea por un edicto o dos y que además lo firman los Reyes Católicos, Los Ínclitos, como se les conoce en Granada, ciudad en la que están enterrados en la Capilla Real anexa a la Catedral en un caso único, ya que todos lo monarcas españoles descansan en el El Escorial.

Queda el respeto de la gente por lo que ya no es. En Granada, en el Realejo, todo el mundo acepta y cuenta como aprehendido que viven sobre los restos de la Judería de Granada, y cualquiera del Barrio, así con mayúscula, es capaz de contarte muchas historias de los judíos. De hecho, de la historia a la leyenda, te dicen que San Cecilio, copatrón de la ciudad, es una antigua sinagoga y que por su cuesta hacia el actual Campo del Príncipe bajaban los rabinos con sus anchos sombreros y sus coletas-trenzas. Las greñas. Los greñúos. Y llegamos al gentilicio de los nacidos y vecinos del Realejo: Los Greñúos, hijos de la leyenda de los rabinos judíos.

Y queda el nombre de la ciudad: Ilíberis para los romanos. Elvira para los árabes, Granada al Yahud para los judíos.

Y ahora pregunto yo: ¿Con cuál de los tres nombres, el cristiano, el árabe o el judío, se conoce ahora a esta ciudad?

Pues eso: la magia de las palabras. Granada como idea. La leyenda de la Judería de Granada, que no termina nunca, y que como las ruinas de la Puerta de la Alfarería, reaparece para volver a su lugar bajo la Alhambra, ante la Vega, protegidos por Sierra Nevada.

No me digas que no es bonito ;-)



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