Periodismo y Checkpoint Charlie: You are leaving the American sector

13 de agosto de 2011




Hay veces que te citas tu solito con la historia.
Quinto de Periodismo en la UPV fue el curso 1989-1990.
El Muro caía y mi compinche José Guerrero y yo hablábamos entre clase y clase de salir zingando para Berlín. Pero zingando leches.

Nos contuvo la idea de que estábamos en último curso de carrera, estábamos ya vinculados a los diarios regionales de Vocento donde llevábamos desde tercero y caurto de carrera haciendo prácticas, y no era el momento de salir corriendo.
Quizá mejor dejar pasar los meses hasta junio, y una vez licenciados, salir corriendo en pos de noticias. La aventura.

Nunca me arrepentiré tanto de no haber ido a Berlín. Nunca. Sé, desde la comodidad de este salón de un magnífico piso en Granada enclavado sobre la antigua Judería y con un atardecer de agosto que se recorta en Sierra Nevada y las cúpulas de dos basílicas y una catedral frente a mí a través del amplio balcón desde donde escribo, a punto de salir a cenar algo de carne a la brasa con vino de Rioja, que esa decisión hubiera cambiado mi vida para siempre. Lo sé y me duele.

Al año siguiente ambos estábamos currando y contratados en un diario, en Ideal, por más señas. Al verano siguiente, logramos llegar a Berlín. Ya había salido del foco. Estaba en pleno proceso de las conversaciones 4+2 para la reunificación alemana, y todavía era alerta informativa. Pero no había miga, salvo contemplar la historia justo cuando acaba de pasar por delante de tus narices..



Una vez desaparecida la tensión Este-Oeste, y con la caída de la Unión Soviética, ese año de 1992, a pocos kilometros de Berlín terminó de estallar la guerra en los Balcanes. Me planteé ir. Me lo pensé. Me consolé llevando la sección de Internacional del periódico. Leyendo un par de decenas de libros sobre el conflicto, la historia y la belleza de los Balcanes. Fui a Sarajevo. Pero otra vez llegué tarde aunque había conflicto, no había guerra. Ya había terminado. De la ausencia de miga en Berlín a las migajas de Sarajevo.

Este post es un lamento del periodista que quise ser y nunca seré. Y este post es un compromiso conmigo mismo: la próxima vez que el cuerpo me pida ir un sitio a cubrir un conflicto, lo dejaré todo y saldré zingando como aquella vez imaginé en los pasillos de la UPV y cruzaré cualquier Chekpoint Charlie, sin aliento, recordando el último cartel del paso fronterizo: "You are living the American sector".

Sé que sonreiré.

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