El Periodismo en buenas manos

9 de febrero de 2012

Rodrigo Ponce de Leon, Javier Barrera, Juan Benitez y Pedro Ybarra

Buenas

Una historieta
Invierno. Congreso de Periodismo Digital. Huesconsin. La barra de un bar de un hotel. 19 h.
Bajo del coche con Dani Olivares Dawson, acabamos de llegar de Granada a la vieja Osca, algo cansados, pero con las pilas puestas. Entramos en la amplia cafetería del hotel Waterloo, Abba o como quiera que se llame.

Pepe Cervera, acodado en la barra del bar, trasiega una copa de aguardiente. Solo.
Nos vemos.
Sonríe y, taciturno, me dice.... 
-"Ya ves, solo, qué bien que hayas venido. Ahora, todos son ya jefes y están en las habitaciones, currando..."
-Pídeme un gin tonic a mí también, le dije.

Viene al cuento la noticia porque hoy se ha hecho público que un compay de los buenos, Rodrigo Ponce de Leónha sido nombrado director de Colpisa y de la Redacción Central de Vocento, que nos sirve páginas de papel y contenidos multimedia para las web regionales.

También, Manolo Castillo, otro que ha pasado por los Workshops de Huesca y compañero en otro montón de batallas en el proceso de integración que acometemos en Vocento, vuelve a su Málaga natal como director del diario SUR en sustitución de José Antonio Frías, a quien Teodoro León Gross le ha dedicado un emocionante artículo del que me quedo con dos frases: ‘You never monkey with the truth (*)’, de Ben Bradlee; y otra de Borroughs, que ya es decir: "El Periodismo es el oficio más noble del mundo a condición de dejarlo a tiempo".


Hasta siempre director

Sirvan estas líneas para felicitar al Periodismo por estos nombramientos, y de paso, a Manolo y a Rodrigo.
¡Enhorabuena!


CRÉDITOS
.-La foto es de hace ya un par de años en Sevilla. De izquierda a derecha, Rodrigo, el menda, Juan Benítez y Pedro Ibarra.
.-El artículo completo de Teodoro León Gross.

Hasta siempre, 
director

Con puño de seda para exigir rigor a sus reporteros, con guante de hierro para
exigir respeto a los políticos

Hoy el lector se topará con el titular del adiós de José Antonio Frías tras diecisiete años dirigiendo este periódico, y seguramente leerá ese rótulo con la rutinaria indiferencia de un rifirrafe político, una cita en el Museo Picasso o una mala noche de basket. Las noticias fluyen y se pierden por el desagüe de la actualidad. 

Es poco probable que desde fuera se perciba el significado de un director, depositario del alma de un periódico, y se pueda imaginar la conmoción de su despedida. Y además ‘el viejo’, su apodo paradójico de juventud, habrá apostado a que su marcha sea casi invisible, con aquel estilo aséptico canonizado en su adiós por Montanelli, el gran maestro que prohibió emociones y ceremonias. 

De Frías hoy se podrán decir muchas cosas, pero sobre todo aquello que Enzo Biagi escribió entonces en Corriere della Sera: «El lector ha sido su verdadero patrón, nunca pensó en los salones del poder».

Hay profesiones estereotipadas por el cine. Desde los arqueólogos caricaturizados por Indiana Jones como aventureros con estrés hasta los abogados de alta tensión; pero pocas tanto como los periodistas, entre los sabuesos tipo Jack Burden o los cínicos personajes de Jack Lemmon y Walter Matthau en ‘Primera plana’. 

La imagen perdurable de Frías, sin embargo, evocará más al discreto jefe del Post en ‘Todos los hombres del presidente’, con puño de seda para exigir rigor a sus reporteros, con guante de hierro para exigir respeto a los políticos. 

A este articulista –al que él fichó apenas llegar al cargo– le constan las presiones aunque el secreto quedase en su teléfono, ya que nunca exhibió ese heraldo asumido en los gajes del oficio. Su prontuario se destila de Ben Bradlee: ‘you never monkey with the truth’ (*). Es el único mandamiento: ‘nunca tontees con la verdad’.

Decía Borroughs que el periodismo es el oficio más noble del mundo a condición de dejarlo a tiempo. Después de muchos años es difícil conservar la inocencia, pero cuesta imaginar a un veterano director con un equipaje tan poco contaminado como el del ‘viejo’ al dejar su despacho entre el cuadro metafórico del equilibrista de Chema Lumbreras y la sombra fiel de Inmaculada. 

El periodista originario de la aldea de Mondrón no se ha investido de ínfulas petulantes tras tantos años en el poder pilotando el primer diario del territorio; y siempre vuelve apasionadamente al campo, sus perros y el aceite de oliva. El valor de la autenticidad. 

Para los periodistas jóvenes es el alma de toda una época; para los demás, también. Nadie es objetivamente irremplazable, pero algunas personas son íntimamente insustituibles. Por eso la redacción le despidió con lágrimas. A este artículo se le pianta, como al tango, otro lagrimón.

UA-2404442-2