Y ahora, toca. Toca defender nuestra libertad

28 de octubre de 2012



A mi abuelo Antonio y a mi abuela Teresa Barrera (paternos), uno de un pueblo de La Rioja, Pipaona de Ocón, del condado de Ocón, comocido en el pago como "cuatro luces", os podéis imaginar por qué, y Teresa Barrera, de Zaragoza y feminista, ambos republicanos, aprobaron las oposiciones de maestros nacionales y eligieron destino en Donosti, donde llegaron con mi Tía Blanca, mi madrina, ya fallecida, nacida en Zaragoza y toda su vida dando clase en el intituto Santa Bárbara de Hernani, donde fue querida y respetada y luego en el Usandizaga, que se han cargado, en Donosti. Mi padre es donostiarra.

Cuando las elecciones de antes de la Guerra Civil, mis abuelos paternos, que vivían en la calle Urbieta, junto a las escuelas nacionales, en el centro de la ciudad y a un minuto andando de la playa, recibieron la visita de una vecina que, nacionalista de toda la vida (gobernaría el primer lehendakari, Agirre) llamó a su puerta y, cito textualmente, les dijo: "Ahora os vais a tener que ir de vuelta a España. Os vamos a echar". Delicioso.

No fue para tanto por ese lado, pero por el lado de Franco, cuando el Alzamiento, mi abuelo, republicado y culto, tuvo que huir. Al final fue al condado riojano de Ocón donde su familia, falangista, lo escondió bajo una cama. Le debieron dar de hostias, pero le salvaron la vida. La familia es la familia y España es así.

A mi abuela Teresa le tocó lo duro. La metieron en la cárcel donde nunca contó lo que pasó (solo mi padre podía ir a visitarla) y la exiliaron en pueblo segoviano, Fuentesauco de Fuentidueñas, donde se murió de hambre, de frío de miedo y de pena. Pero resistió y nos lo enseño a todos. Eso, y lo de la lucha constante por la libertad.

Pasaron los años y los cuarenta de paz. Mi abuela murió al día siguiente de que la palmara Franco. Con eso creo que la termino de definir.

Luego vino la Sagrada Transición de los Cojones, donde a toda mi generación, la de los años ochenta, nos cayó encima el Plan ZEN, Zona Especial Norte, donde, nos pasó de todo. Hasta me explotó una bomba en el Instituo de Previsión Sanitaria, junto a la casa de mi madre, cuando salía ciego de juventud de un concierto de los Ramones en 1980.

Luego me explotó otra en Sancho el Sabio en una tienda de rodamientos francesa, y la tercera creo que nos echamos a reír y dijimos, "la tercera va la vencida", justo cuando dos secretas nos encañonaron con sus pistolas, y explotó la siguiente. Eso es también debajo de casa de mi madre.

Me han detenido en la cuesta del Culo (Miraconcha) en la puerta de la discoteca Kristal y nos han cacheado delante de todo el mundo en unos términos infames. Me ha despertado el Ejército español en 1980 en el monte Bisaurín, en el Pirineo Oscense, en mitad de la madrugada, para pedirme la documentación mientras apuntaban con sus metralletas. En fin, han sido millones de ellas.

Pero no fueron las peores. Las peores que recuerdo, y ahí apelo a la memoria colectiva, fue el chantaje permanente bajo amenaza y coacción de Ikasle Abertzaleak, el sindicato abertzale en la Universidad del País Vasco.

Todavía recuerdo guardar en mi facultad en Bilbao un minuto de silencio por la muerte de cualquier, repito, cualquier víctima del terrorismo, e insultarnos cuando no eran de la ETA, digamos.

Y así puedo seguir.

Pero paro aquí, porque esto va de compartir.

Mi sobrino nació en 1999, cuando ETA declaró su primera tregua.

Mi hijo Andrés solo sabrá de ETA y del conflicto vasco por los libros de Historia, que, por cierto, es el sueño de Bárbara Dukrop, viuda del senador Enrique Casas, para sus nietos, que nos lo dijo en su casa de Donosti al cumplirse el 25 aniversario de su asesinato. Sí, la misma casa donde los Comandos Autónomos Anticapitalistas, le descerrajaron dos cargadores desde la puerta de entrada hasta el dormitorio.

Por lo demás, y acepto todo, nada ha cambiado desde los tiempos de Piapaona de Ocón o Fuentesauco de Fuentidueñas. Si queremos libertad, tendremos que ganárnosla y defenderla. Para dársela a nuestros hijos y que también aprendan

Y ahora, toca.

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