On the road (Donostistorias)

20 de enero de 2013

Suena el teléfono. Reconozco la voz a la primera. Es el jefe de Redacción de El Diario Vasco, mi compañero de promoción del Periodismo en la UPV/EHU, Antxon Blanco. Me pide una rtículo sobre la Tamborrada. Me emociono y le respondo: "Será un honor". Este año me pierdo el Día de San Sebastián, pero esta columna me sirve de metadona rataplanera. Gracias a DV. 



On the road (Donostistorias)


“Recuerdo que un amigo mío me contó una vez que ligó el Día de San Sebastián”. “Pues mi primera farra, el primer día que los aitas me dejaron salir, fue en segundo de BUP por la Víspera de San Sebastián”. “No pasará un día sin que me acuerde de Donosti el día 20”. Así se escriben nuestras Donostistorias y así las recordamos los que ya no vivimos en San Sebastián.

Pocas cosas hay más bonitas en esta vida que vivir fuera y volver a Donosti la Víspera de San Sebastián. En mi caso, así ha sido prácticamente desde siempre. Desde que en 1984 dejé la ciudad de mis amores para ir a la Universidad en Navarra primero y a Bilbao después y, tras graduarme en la UPV/EHU, recalar en Granada. Hasta hoy. Txikita cosa.

En el camino, son casi treinta años de aventuras y anécdotas por hacer lo imposible para recorrer el cerca de millar de kilómetros que separan Granada de San Sebastián, Elvira de Easo.

Son historias de abrazos, lágrimas, largas llamadas telefónicas entre tambores, la radio a medianoche, internet como salvación, huidas a medianoche, escuchar la Izada en Despeñaperros y llegar a Loviejo para desayunar a primera hora el mismo 20, parar en un hotelako en Madrid para tomar fuerzas y quedarse dormido y maldecir al despertar por tener que darte la vuelta hacia el Sur.

Estar en la Redacción en Ideal de Granada escribiendo sobre un triste crimen. Buscar ese bar del barrio del Realejo de Granada, la antigua judería, que se llama Candela y atiende un antiguotarra surfero llamado Mikel, y desgranar los mejores amoríos surgidos al calor de la Consti.

El recuerdo de Martín, aquel gigantón que conducía ‘La Zanahoria’, el autobús gigante que nos llevaba a los del baby boom a Marianistas y que se encargaba de organizar la Tamborrada de los de Aldapeta, ahora Summa. El Alboka en los ochenta, justo al comienzo de esa misma cuesta, como primer refugio rock and roll con unos botellines de cerveza El León. La noche que me dio un beso Jayone y el día que bailé maravillosamente con Babro.

El ADN con la letra d de donostiarra que se transmite Tamborrada a Tamborrada y un “Donosti bat da zeruan” que mi Andrés canta a las mil maravillas con un ligero acentro granaíno y que con ocho años ya tiene un par de Donostistorias que contar.
Por ejemplo, esta misma mañana, que me ha dicho:
-“¿Qué pasaría si aparece un tsunami?”
-Pues que los que estén al lado dirán “maremoto, maremoto”, Y nosotros diremos “Txanpa... Txanpaaaa”....

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