Pregúntate siempre dónde está la noticia

4 de febrero de 2014


4 de julio de 1989. El día más feliz de mi vida. O casi. O uno de ellos, desde luego. 

Por fin tenía mi carnet de prensa. 

Sonaba La Lambada y mi jefe de sección, Idígoras, no dejaba de silbarla. 



Idígoras tenía 28 años por aquel entonces y ese verano me confesó que iba a dejar El Diario Vasco para trabajar en RTVE. 

Por ahí estaba el mes de julio Salva Pérez Puig, que luego fue director de DV y en agosto apareció mi queridísimo Pedro Gabilondo con quien aprendí el oficio. 

Por las noches me quedaba en el cierre con Sebas Valencia y luego nos íbamos al Pokhara a tomar unas cañas. A las 10 de la mañana ya me estaba llamando Pedro para mandarme un tema. Y yo, encantado. 

Trabajé más de 140 días seguidos y un domingo me pilló en la Redacción el dire, Miguel Larrea, y me echó a casa. Me aburrí. 

Ahora, me encuentro de sopetón con mi carné de redactor en prácticas de El Diario Vasco y se me han saltado un par de lagrimones. 

Ayer tuve un día sin huella (gracias Cambril, por la frase), extraño. Dos de los mejores periodistas que conozco me confesaron su hartazgo, su desánimo. 

Uno de ellos me reconoció que estaba viendo cómo lo mejor de su vida se difuminaba ante un ordenador. El otro, simplemente, argumentaba que no encontraba su sitio. 

No supe qué contestarles, pero ahora, tras ver mi antiguo carné del verano de 1989, que conservo como mi mayor tesoro, sí sé qué decirles. El viejo consejo de mis maestros: Pregúntate siempre dónde está la noticia. Y persíguela con todo lo que tengas.

Gracias Pedro, gracias Sebas, gracias Idígoras

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