Últimos granos de pimienta (Pepe Cervera In Memoriam)

30 de septiembre de 2018


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Saco las patatas, con su piel, del agua hirviendo. Pronto estarán en jugosas rodajas sobre una fuente limpia. Le esperan unas tiras de pollo, unos tomates RAF en gajos, unas aceitunas, un buen chorro de aceite de Jaén, sal y pimienta. Cuando agarro el pimentero de madera me doy cuenta de que, en su interior, los granos se están terminando. De pronto me falta el aire. Me cuesta respirar. Se me saltan las lágrimas mientras escucho el chasquido de la pimienta molida que cae sobre las viandas. Son los últimos granos de pimienta que quedan de aquella bolsita que, hace justo un año, me trajo Pepe Cervera de Vietnam. 

Me la regaló con el mismo gesto con que un dealer del Studio 54 de NY te pasaría una bolsita de alguna droga más o menos mágica. Con su mirada intensa y su sonrisa. Cuando superé mi sorpresa, me estaba esperando con otro regalico. Esta vez era una miniatura de Ganes, un dios hindú. Wikipedia dice que “es ampliamente reverenciado como removedor de obstáculos, patrono de las artes, de las ciencias y señor de la abundancia”. Y es lo que recuerdo que Pepe me explicó para desearme lo mejor en mi vida. 



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Llevo la miniatura de Ganes en mi mochila de reportero junto a los bolis y los rotus, cerca de la agenda de notas, porque me parece el mejor altar posible. Me gustaron tanto los regalos que me dio entonces por pensar. Un científico como Pepe Cervera no regalaría un dios a nadie, es decir, a ni dios. Así que rápidamente me di cuenta que lo que me quería regalar era simplemente lo que significaba: buenos deseos, energía, abundancia. Cualquier palabra asociada a la felicidad. También caí en que es complicado regalar cosas tan bonitas. 


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Entonces me sumergí en el océano de recuerdos que tengo con Pepe, que son muchos y variados. En Donosti, en Huesca, en Madrid, en numerosas ciudades de Andalucía como Granada, Huelva, Sevilla y Almería. En Cáceres o en Barcelona. Y de la suerte que he tenido en compartir vida con él. 


Y, como han contado tantos y tan bien, recuperé todo lo que he aprendido de Pepe. Recordé súbitamente la reflexión que compartió conmigo sobre la propia muerte, antes de que el cáncer le fulminara en apenas un año, cuando todavía la vitalidad le corría por las venas y no sabía lo que le esperaba. 


Me dijo que no entendía por qué a lo largo de los siglos, de las eras, de las diversas culturas en el tiempo, las civilizaciones pensaban siempre en la trascendencia, en la eternidad, en la espiritualidad, en el alma. Se llevó entonces la mano a la cabeza para con ese gesto acompañar la explicación y compartió una reflexión que me dejó patidifuso: “Creo que de alguna manera el cerebro tiene un fallo congénito que le lleva a pensar en la trascendencia. Estoy dándole vueltas. Ya te contaré”. 


Igual os parece que eso de la eternidad y la muerte puede ser complicado, pero en la cabeza de Pepe Cervera no había nada especialmente confuso. Lo cuenta uno de sus grandes amigos, Juan Pablo Seijo: “Me dijo alguien una vez que su pasión era mirar por los ojos de las cerraduras de las cosas para ver cómo funcionaban. Nadie me ha definido mejor el motor que mueve al ser humano, la Curiosidad, como Pepe lo hizo". 


"Era un observador persistente, da igual la tontería que estuvieras contando, te escuchaba con todo el cuerpo con una mueca entre admirativa y socarrona, agradeciendo tu energía y tus palabras. Te hacía sentir bien solo con estar ahí”. 



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Y continúa: “En ocasiones salía de su mirada y enlazaba tu tema con otro con un dato, haciendo una carambola intelectual que te dejaba boquiabierto pero nunca, jamás, te sentías inferior por estar cerca de la persona más inteligente que hayas conocido. Todo lo contrario". 


"A los cinco minutos de conocerle le hubieras confiado la educación de tus hijos. Creo que pocas cosas se pueden decir mejor que esta sobre alguien. Este sábado se ha ido, de forma discreta, como era; con su compañera al lado, que ha sido la de todos en estos días y que es tan admirable o más que él”. 


“Hoy el mundo es más oscuro que ayer, a la Red le va a faltar su Retiario, continúa Juan Pablo Seijo. A los que le conocimos no, nos queda su luz y el amor por el conocimiento que despertó en todos que hemos compartido cinco minutos a su vera". 


"No existe un propósito en el Universo, solo pasan cosas, pero aun sabiendo que él creía en esto, y haciéndonos a todos fuertes en el conocimiento y no en la creencia, no podemos creer que con la cantidad de maldad, insensatez y estupidez que hay en el mundo se haya tenido que ir uno de mejores faros que hemos conocido".


"Dicho en otras palabras, no es justo que habiendo tanto Hijo de Puta suelto esta vida se lleve al nuestro. Buen viaje amigo, Godspeed”. 


Juan Pablo Seijo sabe bien lo que se escribe. Pepe era tan listo para un periodista como yo, iba tan por delante, al menos toda una década, que me lo tuvo que explicar, porque a mí me costaba entenderle, que no creerle. Juan Pablo me explicó que Pepe Cervera “nos había explicado Internet a todos nosotros”, en referencia a quella generación de periodistas que deambulaban por Madrid en la segunda mitad de los noventa buscando hueco y que ahora hacen dimitir a políticos corruptos o dirigen esos mismos medios a los que antes llamaban para pedir curro. 


Y ahora recuerdo cómo Juan Pablo Seijo me explicó que Pepe Cervera le había contado que “todos se darán cuenta del poder de Internet cuando llegue la banda ancha”. Y el cabrón tenía razón, cuando llegó la banda ancha e Internet se metió en nuestros bolsillos en forma de teléfono móvil, el cambio previsto, cantado y explicado, fue realidad. 



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Pensar que conocí a Pepe Cervera a las cinco de la tarde del 22 de octubre del año 2002 en el salón de actos del diario Ideal de Granada en unas conferencias que organizó Vocento. Se titulaban ‘Modelos multimedia, experiencias innovadoras’, y con la organización de Juan Varela por ahí pasaron Ramón Salaverría, Miguel Ángel Díaz Ferreira, Eva Domínguez y el propio Pepe Cervera, quien completamente vestido de negro, se nos quedó mirando a nosotros, la Redacción de Ideal, y guardó silencio durante unos larguísimos e inagotables minutos. Entonces, nos dijo a todos a los ojos: “Vosotros no lo sabéis, todavía no os habéis dado cuenta. Pero vuestro trabajo ha cambiado para siempre”. 


Jooooooderrrrrrrr. ¿Seguro? ¿De veras te vas a chulear? ¿Cambiar? ¿Para siempre? No solo tenía razón Pepe Cervera, sino que, además, nos lo explicó. Y muchos de los allí reunidos que le escuchamos, lo entendimos. Lo explica a la perfección Iñigo Kortabitarte, responsable digital en El Diario Vasco desde aquellos años en un comentario que ha escrito en Facebook: “Fue una mente clarividente, adelantada a su tiempo. Recuerdo que calibraba el potencial transformador de Internet de una forma que quienes asomábamos a la red entonces, allá en los noventa, apenas acertábamos siquiera a intuir. Qué gran conversador era, añoro aquellos encuentros en las jornadas y congresos en los que coincidíamos, en los que afilaba con pasión sus argumentos ante quienes negaban que Internet fuera a cambiar sustancialmente nada”. 


No es una conclusión, es una certeza, como remata Jose Antonio Del Moral: “Hubo un tiempo, en los noventa, en que él representaba Internet para mí. Era una especie de cronista oficial, casi el único que existía en España”. Y continúa: “Después, tras conocerle personalmente en 1999 cuando dirigía Baquía, pasó a ser un tipo humano, un dios de carne y hueso al que se podía tocar. Siempre con ganas de una charla, con una permanente capacidad para despertar el intelecto y dispuesto a involucrarse en cualquier actividad que tuviera relación con la tecnología y la comunicación”. 


También lo confirma Antonio Delgado: "Pepe Cervera es el maestro de todos nosotros. La persona que a todos nos gustaría ser. Un pionero y un referente en la historia del periodismo, la divulgación científica y el desarrollo de Internet en nuestro país. Una persona a la que jamás le escuchamos hablar mal de nadie. Ni tener envidia. Ni ser rencoroso. Ni mucho menos odiar, porque “el odio lleva al lado oscuro y al sufrimiento”.

Es la grandeza de Pepe Cervera, el tipo de negro que nos enseñó Internet a todos nosotros, nuestro Maestro que, con el paso de los años, se convirtió en nuestro amigo y en nuestro compañero del alma, compañero. Le recordaré con la mirada inquieta, chispeante, inteligente, curiosa. Jose Cervera , el tipo que nos enseñó Internet a todos, se ha ido buceando por los mares que tanto amaba, en brazos de Pilar y todos los suyos. 


Nos ha dejado miles de preguntas sin contestar pero también respuestas para todos. Periodista contumaz, científico certero, divulgador nato, sabio barbudo, gastrónomo voraz, siempre tuvo un momento para mí, para charlar, para la parranda. De Pepe puede decirse que logró durante su vida que este maldito mundo sea un poquito mejor. Y eso es mucho. Menudo vacío nos deja. Vuela al viento, libre, repartiendo el amor, que llevas dentro. Sirvan estas líneas para manifestar mi amor y respeto y para sentir que su amistad fue un privilegio. Goian Bego.


PIES DE FOTO
FOTO 1: En Aizepe, la sociedad gastronómica donostiarra donde cada primer finde de septiembre de cada año nos juntamos a cenar. Están Darío Pescador, Pepe Cervera, Sebas Valencia, Pedro Alzaga, El que os escribe. Y a la derecha, Sindo Lafuente, Ignacio Lillo, Javier Molto, Nacho Rojo y Antxon Benito.
FOTO 2 Y 3: La miniatura del dios Ganes en mi mochila y sobre mi teclado.
FOTO 4 Pepe Cervera con Juan Pablo Seijo
FOTO 5 Pepe Cervera con Marta Peirano y este que os escribe el día que Nacho Escolar nos invitó a conocer la nueva redacción de eldiario.es en Callao.


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-Pedro de Alzaga. Una vida de prensa y ciencia
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-Nacho Rojo
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