Carta de amor a un bar: El Candela

6 de junio de 2020



Una vez me preguntaron por mi epitafio, a mí que soy un donostiarra del Realejo, y dije: 'Del Alboka al Candela':
Querido Candela. Tampoco te pongas celoso. El Alboka, en la calle Easo de San Sebastián, Easo es el tercer nombre de Donosti, es un bar de piedra donde se va a escuchar música, tomar café y beber cerveza. El Alboka es el bar que elegí. Pero tú, Candela de mis amores, es el bar que me eligió. Creo que me pillé la casa que tengo porque está en la misma calle. Paso a diario cuando salgo de trabajar y paro a saludar. Siempre hay un amigo. Hemos fundado 'La Esquina de la Felicidad' en uno de los veladores. Y,a veces, dejamos a alguien que se sume. En el Candela, con veinte años, me hice mayor tomando 'candelas', ese bocata de fiambre de Casa Diego, tomate y queso con pan de la Conchi, de la calle Molinos. También tomamos guindillas en un montadito que se llama, vaya por Dios, 'Donostiarra'. Lleva las piparras, bonito y anchoas. En la barra del Candela he pasado Tamborradas al teléfono golpeando la barra de madera al compás de los tambores que me llegaban por el móvil. También fundamos Jemi, Sergio y yo un grupo que se llama 'The Killing Korner'. En el Candela está Mikel. El Candela es Cris. Y también llegó Andrés.








Manual de Periodismo para críticas de cine

4 de junio de 2020




Hace 24 años, que se dice pronto, Ana Munain firmó esta crítica de la película Trainspotting. La cinta "narra la punzante historia de un grupo de jóvenes heroinómanos de los suburbios de clase baja de Edimburgo, quienes no tienen aspiración alguna por la vida salvo drogarse o conseguir dinero sucio", cuenta Wikipedia.

Lo que cuenta en la página que he colgado más arriba Ana Munain es una historia diseccionada en partes. Una página entera en la que con un texto largo te cuenta la trama sin spoilers y cuando terminas te vas del tirón a la taquilla a sacar una entrada para ver la peli.

La he releído después de tanto tiempo y me he acordado que hace dos años sacaron la segunda parte, Trainspotting 2




LOS REBELDES Los rebeldes sin causa de los noventa tienen la lección mucho más aprendida queJames Dean. No discuten con sus padres, no acaban en la comisaría por un leve rasguño de arma blanca pandillera, no se sienten incomprendidos y tampoco se la juegan por una noche romántica en el planetario, aunque sea con Natalie Wood. De hecho, el único rasgo en común entre el adolescente preautista de 'Rebelde sin causa' y los depravados heroinómanos de 'Trainspotting' es, en parte, la indumentaria, esa camiseta de algodón bien pegada al cuerpo,un signo de indefensión y de rotundidad al mismo tiempo. Pero los chicos malos de los noventa no tienen mala conciencia ni complejos de culpa, ni la mirada acusadora e inocente de James Dean.

Hay una larga galería cinematográfica de psicópatas adolescentes en ciernes que se miran en el espejo de 'La naranja mecánica', o lo que es lo mismo, la violencia sin escrúpulo, casi como placer. Salvo que al lado de los dandys sádicos de la película de Stanley Kubrick, rodada hace ya veinte años, los colgados de 'Trainspotting' resultan hermanas de la caridad, con la salvedad manifiesta de Begbie, cuya habilidad más notoria es arrojar jarras de cerveza vacías en la cara de cualquier fulano de paso. Por cierto, Begbie es el único del reparto que no se entiende con la 'dama blanca'. Los otros tres, Renton, SickBoy y Spud, son tres tipos mas bien pasivos, escépticos y de vez en cuando un poco 'pringaos'.


Por un quítame allá estas agujas, algunas voces han declarado 'Trainspotting' como una apología de las drogas duras. Más violentos eran 'Los chicos del maíz', una cua- drilla de querubines que asesinaba en la espesura de un maizal norteamericano, por obra y gracia de la febril imaginación de Stephen King, y nadie abrió la boca para
denunciarlo. O la pareja de `Asesinos natos', que anotaba en su libreta de contabilidad personal un par de cadáveres cada cinco minutos de metraje. Por no hablar de otros violentos con acné, los chicos de '1Gds'. La película del norteamericano Larry Clarck mostraba a una banda de mocosos de quince años cuya máxima aspiración vital era desvirgar a muchachas de trece años.


Junto a ellos se encuentra nuestra particular generación de `Historias del Kronen': jóvenes universitarios engolfados con `tripis' y música `grunge', que emplean el ocio del fin de semana en colgarse sobre el vacío desde un puente, puchi cagalera el que no aguante, o en reventar en alcohol a algún colega alérgico.Pero ninguno es comparable al trío nefasto de `La carnaza', última película de Bertrand Tavernier, basada para más espeluzno en un hecho real. Simplemente, la chica se ligaba a un incauto con tendencias menoreras y los dos chicos de este peculiar `menage a troi' del crimen lo mata-ban después de robarle todo lo posible.

MACARRAS NAIF
¿Se acuerda alguien de los chicos de 'Grease'? Tiernos macarras 'naif`, con sus botas puntiagudas y sus coches de pesada carrocería, en comparación con lo psicópatas actuales. Otros pandilleros malvados eran los 'Jets' o los 'Sharks', o lo que es lo mismo, los blancos y los puertoriqueños de 'West Side Story'. A finales de los cincuenta representaban el grado más avanzado de desorden público pero en realidad eran tan inocento- nes que planteaban sus diferencias bailando, unos el rock y otros, la salsa. De la vida de barrio norteamericano también salieron los antihéroes de 'La ley de la calle' y 'Rebel- des', ambas firmadas por Francis Ford Coppola. Las chupas de cuero y las motos adquirieron carácter sacramental, sobre todo cuando quien las llevaba era el actor Mickey Rourke.

De la 'banlieue' parisina llegaban recientemente a las pantallas españolas los tres protagonistas de 'El odio', de Mathieu Kassovitz. La historia se repite: tresjóvenes
de etnias marginadas en un barrio suburbial, diálogos rápidos, violencia constante y la sensación de que no hay salida.Y una última escala: 'Los olvidados', de Buñuel. El maestro aragonés rodó en esta película la vida al filo de un grupo de pandilleros de México. Por cierto, ni siquiera disponían de un camiseta blanca de algodón como rasgo de rebeldía.


La magia del circo (Gracias Sabina, por las frases)



¿Un payaso en la portada de IDEAL? ¿Se ha terminado la crisis del coronavirus? Esta es la historia del Circo Apolo, que iba a estrenar función el día que se declaró el estado de alarma.

"Un circo sin carpa es un circo desnudo. Como con el alma perdida. Sin risas ni aplausos. La pista circular y azulona está vacía y suena como a pasos perdidos. Las torretas con las banderas de España parecen algo extraño, como un pato en el Manzanares. Las caravanas paradas son torpes, como un suicida sin vocación. Todo es absurdo, como un belga por soleares. Y vacío, como una isla sin Robinson".(Gracias Sabina, por las frases)

Así empieza el reportaje que titulé 'El circo de la cuarentena', que fue portada en el periódico IDEAL el miércoles 6 de mayo de 2020.

La historia que nos encontramos es fantástica.
El circo es familiar, compuesto por cuatro personas, que para el reportaje nos representó varios números de la función circense: equilibrios, malabares y números cómicos. Las fotografías de Pepe Marín y el vídeo que editó Amanda Martínez, son fantásticos.

Los componentes del Circo Apolo se quedaron varados en Pinos Genil (Granada), con la declaración del estado de alarma por el coronavirus. Al no poder actuar, también se quedaron sin ingresos. El pueblo entero, al enterarse, les ha estado ayudando durante el confinamiento y, a cambio, han prometido actuar gratis para todo el pueblo. Es la magia del circo.










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