Twitter habla, la prensa protesta, los juces prohíben
Un caso de estudio sobre leyes mordaza, privacidad y comunicación en Gran Bretaña

10 de mayo de 2011



El tema mola. Tiene los ingredientes y, sobre todo, tiene los personajes. Tiene también el amplio abanico. Le gusta a las señoras cotillas y le apasiona a los muchachotes charlatanes. Es para enterados y es para frikis.



Cuenta con jugadores de fútbol, con la hija guapa de un multimillonario, el ex ministro y está también el actor de cine, la estrella del periodismo y la prostituta, la única figura que parece dar sentido a todo este lío. Uno piensa que a veces este gran país que es Inglaterra no sabría qué hacer si no hubiera de vez en cuando una prostituta en sus vidas. ¡Ah! Se me olvidaba. Fíjense si ha avnazado Inglaterra en estos últimos siglos que también hay un chef estrella implicado. Repito. Un cocinero. ‘Ancruayable’.

Además, en el fondo se encuentra una buena pelea entre todo un estamento de un estado como el británico, el de las pelucas y los que están debajo, sus señorías los jueces magistrados; y unos cuantos usuarios de Twitter, nuestro querido Twitter que sonaba mejor cuando tocaba en garajes pequeños y era, simplemento, desconocido pero de culto. ¡Eureka!


Los ingredientes son imponentes: trasgresión de leyes más o menos centenarias, posibilidad de incumplirlas en herramientas sociales como Twitter (y creo que también en Facebook, actualizaré) pero los medios de comunicación tradicionales y la sacrosanta prensa inglesa se ve obligada a acatar las leyes mientras ve que Twitter le chulea el jamón patanegra de los contenidos que interesan a la gente (nótese que ha desaparecido la palabra ‘noticia’) publicando a troche y moche lo que todos saben y la prensa y los medios se ven obligados a silenciar "por imperativo legal".

Un lío carnavalesco que certifica por enésima vez que los usuarios van siempre por delante de las leyes. Esto, hasta ahora era previsible. Lo inconcebible es que los usuarios vayan por delante de los medios. Salvedad que se impone, es la de la ética periodística. Dicho esto, creo recordar que nos pagaban por publicar.


¿De qué estoy hablando?
ABC.es publica una buena crónica de Joaquíon Rábago, periodista de la agencia EFE en Londres titulada ‘Twitter se burla de las órdenes mordaza dictadas por los jueces’.

En resumen, está ocurriendo lo siguiente:
1.-Abogados listillos prometen a sus clientes que nadie publicará sus secretos de alcoba.
2.-Personajes famosos se creen lo que dicen estos abogados listillos.
3.-Los jueces dictan órdenes mordaz tras las pruebas presentadas por los abogados listillos para proteger la privacidad de sus clientes famosos.
4.-Los medios y la prensa se ven obligados a silenciar sus noticias.
5.-Aparece un usuario en Twitter que lo publica absolutamente todo.


A partir de ahora, os lo podeis imaginar, los cinco grupos anteriores se ven amenazados, zaheridos y superados, cada uno en su distinto orden de entereza.

Unas frases para analizar el caso, vía la crónica de EFE publicada en ABC.es:
.-"Los periódicos no pueden revelar el nombre del usuario de Twitter que ha publicado una docena de tweets revelando los nombres de las personas que han recurrido a esas órdenes mordazas y que están ya en boca de todos.
.-"Mientras tanto, una exprostituta que confiesa haberse acostado con un actor que recurrió a una orden mordaza y que tuvo en el pasado también entre sus clientes al futbolista Wayne Rooney, se quejó a la BBC de no poder revelar el nombre de aquél La exprostituta, cuyo nombre es totalmente público acusó al ya nada misterioso actor de hipocresía por presentarse como un modélico hombre de familia, y calificó de "totalmente ridículo" que los jueces traten de proteger algo que a los dos días sabe ya todo el mundo".

Es interesante el Editorial que dedica The Times a este caso, en el que subraya la frontera entre los nuevos y los viejos medios.


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