La Voz de Cádiz, La Voz de Jerez, La Voz de Granada

11 de abril de 2012

DMZ


(Esta historia es de periodistas. Esta historia es de personas. Esta historia está dedicada a... ellos ya lo saben).

Ahí estaba yo, sobre la suave loma atlántica. Delante tenía y comprendía, por fin, la Bahía de Cádiz, encajé al verlos cada pueblo en ese rompecabezas que es la mía y ya nunca se me olvidó Cádiz ni su bahía: El Puerto Real, el de Santa María, Cádiz, el istmo, el castillo de San Sebastián, el Oratorio de San Felipe Neri, Puerta de Tierra, Rota... Y sobre la suave loma, detrás, Jerez.

Recuerdo que estábamos de reportaje y que la sierra en cuestión que separa la Bahía de Cádiz de Jerez de la Frontera se llamaba San Cristóbal. Ahí se encuentra un yacimiento arqueológico, el de Doña Blanca, fenicio, que explica cómo el hombre europeo aprendió a vivir en sociedad hace 3.000 años. Y bajo él, hay unas cuevas-canteras que desde el siglo XIII están en funcionamiento y han servido para levantar las catedrales de Sevilla y Jerez

Fueron días intensos de Periodismo y colegas. Días de los que te salvan la vida, días-salvavidas, días en los que todo encaja entre la sal y el aceite que fríe pescaíto, días de América en el horizonte, de mar, de océano y de barcos que van y que vuelven, No en vano, Cádiz es la puerta de la aventura, lo ha sido, lo es.

Veinte años antes, julio de 1990. Me despierto en la calle Reyes Católicos, justo cuando llega a Plaza Nueva. Es un tercero sin ascensor. A Carlitos le dolía la espalda, así que yo duermo en el suelo y él en un camastro. Nos levantamos. Entramos en la cocina. Abrimos el frigo. Tengo grabada la imagen de lo que vimos. Una jarra con agua fresquita y nada más.

La habitación nos la ha cedido Rafa Troyano. Desde aquel momento, seremos amigos para siempre. Durante todo ese lejano mes de julio de 1990 el rito era el mismo que acabo de contar, más o menos. Justo antes de comer, íbamos a Radio Granada. Allí estaba el Troyano dando noticias en el estudio Generalife. Allí andaba Agustín Martínez.

De Radio Granada nos íbamos a calle Elvira, al restaurante La Nueva Bodega, donde compramos un bono por treinta comidas, para todo el mes. Debo decir que todos los platos sabían igual, pidieras pollo, boquerones o hamburguesa. Pero sobrevivimos y el bono costaba unas 5.000 pelas.

(He estado más de media hora sin escribir este párrafo siguiente. No me sale. Voy a intentarlo...Paro. Vuelvo a leer El Rayo Verde, vuelvo a leer a Lalia)

Hoy, ayer, hemos conocido que estos recuerdos que nacieron en estos mundos, en estos lugares, en estas emisoras, en estas cadenas, en estos diarios... desaparecen, tienden a difuminarse, cierran o casi, mueren. Al menos, sobreviven sin seguramente parecerse a lo que fueron. Y llevan dentro el pecado de la tragedia personal.

Brindo por todos vosotros
Brindo por La Voz de Cádiz, 
Brindo por La Voz de Jerez,
Brindo por La Voz de Granada, que ha sido siempre la SER.

Y gracias por vuestro trabajo, compays.


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