Una calle en Granada para Joe Strummer de The Clash

6 de diciembre de 2011

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Carlos Morán y yo atesoramos tres momentos musicales únicos. De esos que han labrado acorde a acorde la historia del Rock and Roll. 


El primero de ellos es un concierto en 1984 en Lasarte. En el Autódromo de Santi Ugarte. Era domingo y llovía que se las pelaba. Los teloneros eran un grupo llamado 'Mariposas Rapaces' que lideraba Emilio, con una voz prodigiosa. En escena apareció Loquillo y Los Trogloditas y el pedo colectivo era total. Por aquella época no tocaban la de 'Siempre quise ir a LA' y no la tocaron. Igual los sacábamos a hostias de allá. Queríamos rockabilly y rockandroll a toda pastilla. Y me acabo de dar cuenta de por qué se dice a toda pastilla. La noche terminó en Amara en el Tanit, cuando el Loco se hostió de morros contra una mesa del tugurio ibicenco de Donosti que debajo de casa de mi madre sigue existiendo. O así.


El tercer momento -no, no me he confundido-, fue hace un porrón de años en el Anfiteatro de Maracena cuando los conciertos de despedida de los Cero, los 091. Santi Sevilla y Juan Palma se hicieron la gira  de despedida para Zarabanda, el suplemento de los viernes de Ideal con el que hacíamos Periodismo de ida y vuelta. Luego nos fuimos a celebrarlo. Fue uno de esos momentos en la vida. Diez años después de aquello, Carlos Morán les dedicó una columna en el diario y la terminó con una de sus postdatas, que decía algo así: "Yo los vi y estaba con Barrera". Es lo que tienen los colegas. Que nos queremos.




El segundo momento fue en torno a 1981. Cuando la Real ganaba ligas y nosotros estábamos en BUP. The Clash tocaba en el Velódromo de Donosti. Esa noticia, cómo explicarla, era tan importante como la resurrección de Elvis. Y no es coña. Ahí andábamos el Carlitos y este menda, aunque no nos conocíamos. Y ahí fue nuestro primer contacto con Andalucía y con Granada, cuando nos dejábamos nuestras gargantas cantando 'Spanish Bombs' y Granada se nos presentaba como un lugar al que había que ir, con su Universidad y con una magia exhuberante que los Clash transmitían a guitarrazos. Granada, Lorca, y Strummer, que se fue a vivir entre Granada y Almería, donde produjo discos a los 091, con lo que el enroque tenía sentido, el círculo se iba cerrando. Quedan recuerdos para todos los gustos, desde la mítica fotografíoa de JJG de Joe ante la Alhambra que ilustra este post hasta las noches en el Ruido Rosa, donde me firmó un autógrafo. Y queda en el Cabo de Gata El Bar de Joe, un santuario de peregrinación.


Por todo esto, contado a mi manera -que cada cual lo cuente a la suya-, estimo que el Ayuntamiento de Granada, por unanimidad, debería concederle al bueno de Joe una calle con su nombre. Cuando se pueda, cuando encarte. Le hacemos en ella a ser posible un buen mural y seguro que hay que atornillar la cerámica con el nombre de la calle.


'Ah! Que no sabes quién es Joe Strummer... mira este vídeo:





Todo lo que conlleva esta inicitaiva es bueno, porque se hace justicia a la memoria de Strummer y Granada queda prestigiada por el intangible carisma del músico.


En Ideal hemos publicado hoy conjuntanmente la información sobre esta campaña. Tiene un vídeo en el que Juan Enrique Gómez, compañero en la Sección de Local del periódico y director de Indyrock realiza un encendido llamamiento en favor de Joe. Tenemos que agradecer que nos la han colocado en Meneame, con lo que así logrará más difusión.


Hemos creado una página en Facebook para lograr apoyos. Y también estamos informando desde ella de todos los pasos que se están dando.


Por último, si lo que te va es Twitter, hemos creado una etiqueta #UnacalleparaStrummer en la que puedes tuitear tu apoyo o lo que te venga en gana.


Y ahora, basta ya ¡y todo el mundo a bailar!




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